Decálogo de conclusiones I Congreso Internacional de Coordinación de Parentalidad. Elaborado en colaboración con la Universidad de Vigo

La coordinación de parentalidad es un servicio especializado de apoyo intensivo para las familias que se mantienen inmersas en la disputa constante, principalmente tras la ruptura de pareja. El objetivo es incrementar la cooperación entre los progenitores, o, en su caso, entre estos y otros parientes, minimizando el conflicto y los factores de riesgo asociados a una separación con alto grado de litigiosidad. Se trata de propiciar el escenario que ofrezca un desarrollo adecuado de los hijos e hijas y de asegurar sus intereses y su bienestar.

Se crea especialmente para aquellos progenitores y familiares que mantienen litigios en los juzgados, y muestran dificultades para implantar un Plan de Parentalidad, que asegure el bienestar de los hijos/as. El objetivo es proteger a los descendientes menores de edad de la continua pugna destructiva en la que sus familiares les hacen vivir.

¿Qué hace un/a coordinador/a de parentalidad?

  • Acoger a los miembros de la familia que entran en un proceso desconocido en un momento muy crítico de sus vidas.
  • Orientar a los miembros de la familia en relación al óptimo desarrollo de sus hijos e hijas.
  • Analizar y realizar diagnóstico sobre el conflicto desde una mirada psicojurídica y socioeducativa
  • Tratar los efectos nocivos de la ruptura de pareja y de las relaciones conflictivas. Al mismo tiempo potenciar las habilidades parentales, de comunicación y resolución de conflictos
  • Coordinarse con todos los operadores familiares: desde el juez que deriva el caso, los mismos miembros de la familia extensa, abogados, docentes, médicos, y todas las instituciones significativas implicadas. Todo ello desde una perspectiva ecosistémica
  • Gestionar conflictos: promover el consenso entre todos los miembros en relación a los menores construyendo un plan de parentalidad efectivo.
  • Acompañar a todos los miembros de la familia hacia el cambio que proporcione bienestar, especialmente a los descendientes menores de edad.
  • Crear espacios de supervisión periódica.
  • Preparar informes: informar al juez sobre el desarrollo del proceso y proponer mejoras.

El 23 y 24 de Noviembre de 2018, se celebró en Barcelona, el “I Congreso Internacional de Coordinación de Parentalidad. Carácter técnico-científico”, con el objetivo de poner en común los conocimientos y experiencias existentes en España y en otros países sobre Coordinación de Parentalidad. El evento contó con la participación de 22 ponentes, de los que 6 eran internacionales; y el número de asistentes fue de 132, quienes, mayoritariamente, eran académicos y profesionales que contaban con conocimiento y experiencia en coordinación de parentalidad o bien en conflicto familiar y gestión positiva del mismo.

A partir de las exposiciones de los ponentes y las personas expertas que asistieron, se elaboraron unas conclusiones generales que se exponen a continuación.

                                                  Conclusiones generales

  1. El principal objetivo de la coordinación de parentalidad es ayudar a los progenitores, por el mejor interés de sus descendientes, a desarrollar y aplicar su Plan de Parentalidad, potenciando la parentalidad y coparentalidad positiva.
  1. La coordinación de parentalidad protege la seguridad e integridad psicológica, moral y/o física de todos los miembros de la familia, en especial, la de los descendientes menores de edad.

Esta intervención se encuentra indicada en situaciones tales como:

  • Reiteración de conflictos e incumplimientos en visitas y estancias.
  • Alertas que se deriven de las verbalizaciones de los menores en las exploraciones judiciales.
  • Valoraciones de los informes de los equipos psicosociales.
  • Cambios de sistema de guardia contenciosos: de individual a compartida, o viceversa.
  • Actitud firme refractaria del menor/res a relacionarse con uno de los progenitores.
  • Existencia de adicciones (alcohol, drogas, juegos) que interfieran en las relaciones paterno-filiales.
  • Detección de situaciones de violencia psicológica interconyugal no denunciada en los juzgados de violencia sobre la mujer.
  • Reanudación de visitas y estancias post absolución o sobreseimiento en juzgados de violencia sobre la mujer.
  • Reanudación de visitas y estancias post absolución o sobreseimiento, tras un proceso por violencia familiar hacia los menores o hacia otros adultos del entorno familiar.
  • Reanudación comunicación y visitas post sustracción/retención ilícita de los menores.
  • Relaciones abuelos-nietos con alto conflicto con los padres/madres/abuelos/abuelas
  • Reiteración de discrepancias en expedientes jurisdicción voluntaria.
  • Agotamiento de recursos sociales con familias en riesgo de exclusión.
  • Mediación previa fracasada o rechazada desde dentro del proceso.
  • Triangulación del/de la menor por involucración en el conflicto.
  • Familias o menores con conductas antisociales y delictivas.
  1. La coordinación de parentalidad, atendiendo a la protección del menor, se puede designar en cualquier momento procesal: medidas provisionales, ejecución medidas provisionales, medidas en la propia sentencia, ejecución de la sentencia, modificación de medidas y su ejecución, expedientes de jurisdicción voluntaria.
  2. Para las familias iniciar un proceso de coordinación de parentalidad no resulta sencillo, e incluso puede ser doloroso. Sin embargo, les posibilita salir de las situaciones extremas de crisis, riesgo y deterioro en las que se encuentran, y alcanzar el bienestar psicoemocional que les permita a todos sus miembros normalizar sus vidas. Es necesario trabajar en el dolor si se quiere salir de la nada.
  3. Para un adecuado desarrollo de la coordinación de parentalidad, se precisa ofrecer una única definición en la que se clarifique la diferenciación con otros roles profesionales, entre ellos, el de la mediación. En ningún caso, la coordinación de parentalidad se puede confundir con la mediación; aunque se requiera para su ejercicio de conocimientos y experiencia en el ámbito de la mediación familiar. Igualmente, puesto que se vienen utilizando diferentes acrónimos (p.e., COPAR, COPA, CoPa, CP), se debe consensuar uno, con la finalidad de no crear confusión a las Instituciones, a los profesionales, y a los usuarios.
  4. La coordinación de parentalidad debe plantearse como un rol híbrido, que requiere de conocimientos de diferentes disciplinas, sin existir prevalecía de unas sobre otras.
  5. Se debe regular la formación en coordinador de parentalidad, a través de un programa formativo de calidad, basado en la adquisición de competencias, que debería ser común en todo el Estado. En este se debería contemplar la convalidación de aquellas competencias ya adquiridas previamente, y acreditadas mediante títulos universitarios. La formación debería de depender de las universidades, y ser de carácter mayoritariamente presencial y con un porcentaje importante de horas prácticas, que deberían ser impartida por profesionales que posean experiencia.
  6. Sería conveniente desarrollar un marco jurídico en coordinación de parentalidad, para proporcionar una mayor seguridad jurídica.
  7. Resulta relevante, desarrollar un protocolo de actuación, y la informatización del mismo, tanto para la derivación a coordinación de parentalidad como para el envío de informes de fácil usabilidad.
  8. Urge un plan de difusión de la coordinación de parentalidad dirigido a los operadores jurídicos y otros profesionales que intervienen con las familias en conflicto; entre ellos, policía, técnicos de servicios sociales, personal médico y sanitario, agentes de igualdad. Este plan debe contemplar formación. Además, la coordinación de parentalidad se debe dar a conocer a los distintos grupos de interés y a la ciudadanía en general.

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